Sardinas marinadas con tomate y balsámico

Una receta curiosa y distinta de comer sardinas. El proceso de preparación lleva su tiempo, pero la complicación  es nula.

Vinagre o aceto balsámico:  

Básicamente, como su nombre lo indica, es un vinagre. Proviene de una cocción (o reducción, mejor dicho) que se le aplica al mosto de las uvas. Finalmente, queda una especie de “almí­bar” espeso, que se deja fermentando, convirtiéndose primeramente en alcohol y luego en ácido acético. De ahí­ que se le conozca también como aceto balsámico.

Posteriormente, como si de un vino se tratara, se coloca en barricas para su almacenamiento, perí­odo que lleva al menos unos tres años y que se puede extender tranquilamente hasta diez o doce años sin ningún tipo de problemas. Es más, éstos vinagres balsámicos con más tiempo de estacionamiento son los más buscados y, por ende, los más costosos.

Principalmente y más allá de sus propiedades, la principal diferencia entre el aceto balsámico y otros vinagres radica en su proceso de elaboración, de almacenamiento y en el resultado final.

Marinar:

Conservar en crudo un alimento, especialmente un pescado, con adobo para que se ablande y adquiera la sazón y el aroma deseados.

Escaldar:

Es una técnica culinaria consistente en la cocción de los alimentos en agua o lí­quido hirviendo durante un periodo breve de tiempo (entre 10 y 30 segundos).

 

Ingredientes:            (Para cuatro personas).
  • 600 gr de sardinas medianas-pequeñas.
  • 70 ml de vinagre de vino, manzana o el que os guste.
  • 250 ml de agua.
  • 1 cucharadita de postre de sal.
  • 1 tomate maduro. La variedad que os guste.
  • Un chorro de vinagre balsámico.
  • Un buen chorro de aceite de oliva suave (ideal el de 0,4) para cubrir las sardinas.
  • Sal, pimienta, perejil.
Preparación:

Limpiamos las sardinas, quitamos las tripas y la cabeza, dejamos los dos filetes. Lavamos bajo el grifo, metemos en un tupper, tapamos y congelamos durante 15 días.

Pasado éste tiempo sacamos del congelador, dejamos en el frigorífico que se descongelen poco a poco durante 2 días.

En un tupper amplio ponemos los filetes con agua y hielo, que les cubra el agua, tapamos y dejamos durante 4 horas, para que pierdan la sangre. Metemos en la nevera.

 

 

 

 

 

 

Transcurridas las horas, escurrimos y ponemos en un baño de 70 ml de vinagre (de vino o manzana o vuestro favorito) y el agua con sal. Tapamos y dejamos marinar en el frigorífico durante 24 horas.

 

 

 

 

 

 

Escurrimos, secamos con papel de cocina, las pasamos de nuevo a un tupper y cubrimos con aceite de oliva suave. Tapamos y llevamos a la nevera hasta el momento de servir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pelamos el tomate (lo podemos escaldar), cortamos en daditos pequeños, lo metemos en un tupper, salpimentamos y marinamos con un chorro de aceite de oliva y otro de vinagre balsámico, tapamos. Reservamos en el frigorífico.

 

 

 

 

 

 

En el momento de servir, escurrimos el tomate y lo repartimos sobre los filetes de sardina, espolvoreamos con perejil.

 

¡A disfrutar de unas sardinas distintas y sanas!

 

 

Consejo: Lo ideal sería hacer los procesos de cubrir los filetes de sardinas con aceite de oliva y el de marinar el tomate, por la mañana y servir nuestras sardinas perfectas para la cena.

 

 

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